SER MONJE
Fr. Luis Javier

Déjalo todo y sígueme. Esta es la palabra de Jesús que sentí dirigida a mí en un momento de mi vida. Y lo dejé todo y me fui tras el Señor.

Yo tenía la vida ya hecha. Tenía un buen trabajo, una carrera prometedora, amigos y familia que me querían y que me quieren. Pero ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo si pierde su alma? Por eso me hice monje, para seguir el camino que Jesús había trazado para mi desde que nací, aunque me costara trabajo descubrirlo.

Ser monje es un don enorme del Señor. Una vida de oración, de silencio, de intercesión por las necesidades de los hombres. En definitiva, una vida de sacrificio. Sacrificio personal, pues uno se pone en manos del Señor y, como el incienso, se quema delante del Señor día tras día alabándole, bendiciéndole, suplicándole. En soledad y en solidaridad, estamos siempre en el corazón del mundo y de la Iglesia.

Hay muchas cosas hermosas en la vida monástica, y también muchas cosas difíciles. Pero en todo esto vencemos por aquel que nos amó, Cristo. La Regla de San Benito destaca mucho el papel de la escucha de la Palabra de Dios en la vida del monje. Esta escucha, a través de la oración, de la lectio divina, de los hermanos, te lleva a ir discerniendo lo que Dios quiere de ti en cada momento. Esa misma escucha actúa en nosotros como una luz que nos guía y que nos ayuda a sortear las dificultades y a crecer en el seguimiento de Cristo. Velad y orad, para no caer en tentación. Eso dijo Jesús a sus discípulos y nosotros los monjes nos lo aplicamos a nosotros mismos. Velamos como los centinelas para compartir lo que Dios nos proporciona con los hombres.

Es muy hermoso poder compartir algo de la vida cristiana y monástica con huéspedes, visitantes, turistas y cualquiera que se acerca a nuestra casa. Acoger a todos como si de Cristo se tratara es uno de los aspectos más bonitos de nuestro carisma.

Finalmente, la familia. No podría vivir sin la nueva familia que Dios me ha dado, mis hermanos. A veces la convivencia no es fácil, pero es la mayor escuela de conversión. Conviviendo con los demás nos damos cuenta de aquellas cosas que nos hacen daño, de nuestras faltas y pecados, e intentamos corregirnos con la ayuda de Dios. Convivir es siempre don y tarea. Si me preguntaran qué es la vida monástica, respondería con una sola frase: una sencilla vida de conversión a Cristo en familia. No es poco el reto, pero es hermoso gastar la vida en ello. 

FRAY LUIS JAVIER ingresó en el monasterio en julio del 2012. Ayuda en la biblioteca y en el archivo del monasterio. Este curso ha comenzado sus estudios de Filosofía y Teología en la Facultad de Teología de Burgos.